Verde no te quiero verde

Venían encerradas en unas mallas de plástico de un subidito color bermejo que te sugerían en el paladar sensaciones dulces y jugosas. Otros aparecían envueltos en redes de nylon de un atrayente amarillo ambarino que te sumergían en un viaje gástrico y que comenzaba en las papilas gustativas hasta llegar al estómago. Otras se alojaban en…

Mi aliado el vino

Estreno vestido y guantes de satén. Sobre la mesa dos copas de vino y una botella. Espero paciente. Querrás desvestirme, poseerme, como un loco, hasta quitarme el sentido, como tantas veces… Llegas. Elijo una copa, deslizo el dedo por el borde. La acerco a mi boca, me la arrebatas y la bebes de un sorbo.…

Paqui, la portera

«Que se joroben las del edificio que esta que viste y calza no piensa irse de la mui. Menos mal que fui yo, y no la Loren, la que sencontró a la Marce saliendo de la clínica. De esto ni mu, ¿eh?, me dijo después, no quiero que sentere todo el barrio… ¿PERDONA?, ¡yo soy…

Segundas partes nunca fueron buenas

Soñar despiertos era nuestro juego favorito hasta que, después de tres meses chateando, decidimos conocernos. Llevaba un año separada de un marido enfermo de celos y especialmente irascible desde que perdiera un dedo de la mano derecha en un accidente laboral. Tenía miedo al amor, pero la soledad me pesaba demasiado. Para identificarlo me dijo…

Negligencia parental

Se palpaba la alta temperatura, nada más entrar. En esa casa todo estaba encendido, menos la chimenea, y aunque la discusión se mantuvo calentita toda la tarde, no fue hasta entrada la noche cuando las palabras crepitaron en la boca de la madre. En los ojos del padre se atizaba una mirada candente. Después llegaron…

Altruismo

Cuando era pequeña, mi abuelo Luis me contaba cosas sobre mi madre. De lo mucho que me amaba. De su coraje. Apenas tenía seis meses cuando me metió en el capazo y me dejó en su casa. De su generosidad con todos, para que nadie penara con su inevitable ocaso. Excepto él, nadie la entendía…

Calor de hogar

Había cambiado la forma de vernos y amenazó con irse. Porque estaba harta. De nosotros, de sus hermanos, de cariños, besos y arrumacos. ¡Nos parecía mentira que a sus treinta y tres decidiera dar el paso!  Me pidió que le acompañara a ver uno, amplio, buen precio, en una excelente zona, con dos chicas universitarias,…