El tren de las cinco

Harta de ilusionarse con sus llegadas, de emocionarse con sus partidas, hurgar en sus maletas, de escuchar sus insinuantes silbidos…

Cerró los postigos y alisó los cenicientos visillos, se apartó de la ventana. Desatrancó los pesados cerrojos y en el descansillo, junto al cubo de enmohecidas esperas, abandonó su desganada maleta, un vino caduco y dos copas sobre la mesa. Huyó en sus babuchas dejando la puerta de par en par.

Llegó justo cuando pasaba el de las cinco… de sus nubladas sienes se esfumó, para siempre, un lacerante recuerdo:
«Espérame amor mío, volveré».

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4 comentarios en “El tren de las cinco

  1. Qué bonito es tu relato. Mucha suerte en el concurso. Voy a ver si participo con algo que tengo por ahí, me ha parecido interesante esta apuesta, además estoy demasiado parada y ya va siendo hora de que me ponga las pilas.
    Besicos muchos.

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