Masticando el miedo

Te despertaste sobresaltado por el chillido de tu timbre. Temiste lo peor cuando por la mirilla viste a dos guardias de seguridad de la urbanización plantados delante de tu puerta.
Si hubieran olido tu nerviosismo pálido al abrirles, el exceso de aroma a limones del Caribe, la ausencia de alfombra en la entrada o el zapato solitario que acababas de esconder debajo de tu cama, habrían apostado que en tu casa pasaba algo raro. Menos mal que solo habían acudido para advertirte que cerraras las ventanas de la buhardilla que con lo que estaba cayendo se te iba a inundar la casa.

Esta imagen la he tomado prestada de internet

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