Una mirada homicida

Entrar en la habitación, tenderte a su lado. Darle mil vueltas y no saber cómo decírselo.

Enciendes la lamparita, respiras y te creces…
«… pero tranquila, que mañana mismo empiezo a buscar… saldremos adelante…».

Apagar la luz. Darte la espalda. Esperar a que se duerma… deslizarte de la cama, lentamente.

Tras duras horas deambulando se topa con una cafetería. Frente a una taza de café —bien cargado, como su semblante—, mastica su desaliento, su fragilidad. De vez en cuando mira hacia la puerta, como el que espera a alguien. Pero eternos minutos le convencen que su tabla de salvación, la que le ayudará a encarar su fatalidad, a no sentirse más un bufón, un don nadie en esta aventura, está en su bolsillo…
Retorna con su infortunio a la calle.

En un callejón cualquiera, sin esquinas, sin visillos que te observen ni luces que te humillen, desoyes seis ojitos suplicándote; «no lo hagas». El brebaje vuela al cielo de tu boca. Tiembla el aire. El sudor empapela las paredes. Poco a poco tus venas se van llenando de niebla, una niebla menos dañosa que los ojos de tus pequeños mirándote, quizá mañana, como ella lo hizo anoche antes de dormirse.

Thomas-Hoepker-USA.-Reno-Nevada.-1963.-A-clown-at-a-lunch-counter-in-a-diner-Magnum-Photos-NYC21748-copie-768x516

200 palabras para esta foto de HoEpker.

Relato presentado en «ENTC» , para leerlo en su página mira este enlace: 

http://estanochetecuento.com/una-mirada-homicida-rosy-val/

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