La palabra y la escritura sus mejores armas

Tiene prisa por dormirse, mañana es domingo y el mercadillo abrirá sus puertas.
Llegará de las primeras, aunque tendrá que esperar a que sus compañeros le ayuden con la pesada tabla de madera que después cubrirá con un mantel de croché de lino, herencia de su abuela. Sobre ella las irá colocando mientras las nombra…
«Rosalía, Gertrudis, Concepción, Margarita…»

Un hombre le preguntará curioso:
«¿Cuánto cuesta ésta?».
La tomará en sus brazos. Le estirará el vestido. Acariciará su carita. Le atusará el cabello y entre los pliegues de su cara una mueca de desacuerdo…

«Lo siento, no puede llevarse a María… la necesitamos para denunciar las limitaciones que para nosotras representan la moral y los usos sociales. ¡Es nuestra mayor defensora en el Siglo de Oro!».
El hombre, perplejo, preguntará de nuevo, pero el vendedor vecino le susurrará que las observe cuanto quiera, mas no se interese por ellas.

Protestará cuando el mercadillo cierre sus tiendas —siempre le sabe a poco—.
Con mimo, las meterá otra vez en la vieja furgoneta y de una en una las irá nombrando…
«Rosario, Colombine, Emilia, Clara… tranquilas, que el próximo domingo volvemos, ¡es el 1 de octubre! y os pondré los vestidos nuevos»

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Un pequeño homenaje a tantas mujeres que posibilitaron que hoy podamos decir lo que pensamos,  lo que nos gusta y desagrada. Gracias a todas ellas.

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2 comentarios en “La palabra y la escritura sus mejores armas

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