Picaresca a la rumana

Me lo encuentro cada mañana en el barrio donde vivo, con su balanceo, su gorra deslucida y esa mirada asilada en sus atribulados ojos. “El chico extranjero me entristece”, le comento a veces a mi marido. Pero él sabe que no escucharé sus cansinas reticencias ni el manido proverbio chino de la caña y el pescado; seguiré dándole diariamente su euro. Al menos que, los actuales gerifaltes decidan ocuparse de las cotidianas estampas que agarrotan mi ánimo. Y mientras sigo a la espera, descubro por una calle del centro —gracias a un semáforo encendido que detiene mi coche en el paso de cebra— a un joven malabarista que lanza y recoge clavas con pericia. Al término de su lucimiento se aproxima al coche que encabeza la fila. Tras neutralizar su cara de asombro con una sardónica risa compruebo que la tristeza ha migrado de sus ojos. También, que su gorra ha rejuvenecido varias puestas; me la presenta… Al momento, el semáforo se abre. Me alejo, despacio, mirándolo a través del retrovisor… ¡milagro!, le vuelve la cojera.

 

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Relato presentado en “esta noche te cuento”. Esta vez hablamos de la emigración. Mi relato también habla de eso, si quieres leerlo allí y alguno más, pásate por aquí…

http://estanochetecuento.com/picaresca-a-la-rumana/

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