La dama y el sombrero

Finalmente, tras diez eternos minutos esperándola, un aroma a jazmín, su favorito, empapa la estancia. Galante, se quita el sombrero, ella ríe cuando lo encaja a la primera en el perchero.

Después del apasionado encuentro, pasea la ciudad embelesado. Su olor, su boca, muerden su cerebro.

De vuelta a casa, su esposa toma el té con unas amigas. Con sigilo se dirige a la biblioteca, pero le ve pasar y sale a su encuentro. Pregunta por su sombrero, sorprendido descubre que no lo lleva puesto.

De nuevo con sus selectas invitadas… “¡Vaya con Leo, pronto empieza a destocarse y sin percatarse! Al son de cucharillas de plata, las risas y bisbiseos se entremezclan en un ritual tan antiguo, como antiquísima es la valiosa porcelana donde lo sirve.

Recostado en la cheslong, oye unos pasos, repentinamente unos dedos zalameros agitan su pelo, unos labios susurrantes le dicen al oído…

“Pero ¡qué sorpresa!, esta es tu mansión y ella tu mujercita… que parece haber echado de menos algo que yo tengo, mañana te espero… aunque esta vez, la casa invita”.

Rápidamente la dama vuelve a la sala, donde seguirá mojando genuinas danesas en un delicioso té de jazmín, su preferido.

Imagen

Fotografía extraída de la red

Micro publicado en el blog “Esta noche te cuento” para el Día del Libro, 23 de abril, 2014

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