El cabritillo y el lobo

Me encargaron un reportaje sobre un Mercado Medieval que se celebraba en mi ciudad. En él se presentaban diversos trabajos artesanales; utensilios de barro, jabones, semillas, libros antiguos, anillos y pulseras cuyas piedras naturales competían con el brillo de un sol de justicia. También se destinó un lugar para los animales, que estoicos, aguantaban el constante ir y venir de personas que no cesaban de hacer corro a su alrededor.

Mi cámara tomaba buena nota del número de gansos, patos y gallinas y de las dimensiones tan pequeñas, que unido al excesivo calor y la falta de agua fresca y limpia, estaban haciendo de su estancia un infierno. Me dirigí después al cercado donde estaban, una mamá cabra con sus tres cabritos. Aprecié, como espectadores, a unos niños en primera fila intentando tocar con sus manitas a uno de ellos, al más chiquitín.

La mamá cabra le perseguía por el diminuto espacio, a pesar de no poder escaparse,  pendiente de él en todo momento.

Dirigía mi objetivo hacia el pequeñajo cuando unas palabras me sacaron de mi afán…

Ese tiene que estar riquísimo a la brasa”.

¡La voz era la de un niño!, perpleja e incrédula giré la cabeza. Efectivamente me topé con un niño que por su edad, aún no debería saber que eso pudiera ser comestible. Lo más atroz si cabe, es que al mismo tiempo que pronunciaba estas palabras, con su manita frotaba su abdomen, haciendo círculos sobre él.

Deduje que sus padres consentían este comentario, porque rieron satisfechos su ocurrencia. Cómplices, los tres, se miraron, mientras, el pequeño con la mano aún manoseando su barriga, les decía aclarando a la vez que informaba…

Es que… el más pequeño, es el más tierno”.

Intentando calmar mi primera reacción y dirigiéndome, especialmente a sus padres…

Pero ¿cómo puede decir eso?, ¡cómo es posible que siendo tan pequeño, en vez de un cachorrito o un amiguito con quien jugar, esté viendo un filete en su plato!”.

Podía haberlo intentado. Haberle hablado sobre la empatía, la conmiseración, el respeto a la vida. Descubrirle que ese animal, mamífero como él, sentía el dolor, el frío, la sed, una caricia. Podía haber tratado de explicarle las diferencias entre nutrirse y consumir, alimentarse y ser voraz. Podía haberle sugerido que si ya no apreciaba la vida de un ser vivo, en un futuro podría no valorar, las que le rodearan, alguna quizá más allegada.

En la necesidad de seguir recopilando datos sobre el estado de los demás animales, me fui de allí más triste que decepcionada, convencida de que ese niño no me habría entendido y sus padres tampoco. A juzgar por sus exultantes caras, estaban realmente orgullosos de estar criando a una bestia…. un tipo de bestia que nada tiene que ver con mis amigos animales.

Anuncios

7 comentarios en “El cabritillo y el lobo

  1. Buena descripción de lo que algunos mayores por ignorancia inculcan a sus pequeños. A ese tipo de padres yo les diría “tú no has pensado que hay otros humanos que ven a tu cría como una pieza de caza mientras le acarician en la espalda ? ” y cuando eres su progenitor seas de la especie que seas sufres.

  2. Es curioso descubrir cómo los adultos pueden “enfermar” a los niños. Hay muchas enfermedades como la insensibilidad, la frialdad, la falta de respeto a algunos seres vivos que parece que se propagan y no parecen ser tenidas en cuenta por las instituciones. Que tus palabras, Rosy, puedan servir de antídoto.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s